Paula Rubiato Morillas

Teniente enfermera. Ejército de Tierra. Promoción XXXIII

Antes de empezar la oposición sabía muy poco sobre el Ejército. Siempre me había llamado la atención, aunque no tenía familia ni amigos militares. Me atraía la idea de poder unir dos vocaciones: la enfermería y la vida militar.

Al salir de la carrera empecé a trabajar en Urgencias Hospitalarias y realicé un máster en Urgencias, Emergencias y Transporte Sanitario, porque tenía claro que me gustaba más la parte extrahospitalaria que el trabajo dentro del hospital.

Con esa inquietud empecé a informarme sobre la oposición y sobre el trabajo real de un enfermero militar. Hablé con compañeros, busqué información y así fue como encontré la Academia Zendal.

Entré en Zendal en un momento en el que, aunque me gustaba la enfermería y mi trabajo, no me sentía del todo realizada. Sabía que me gustaba la calle, los entornos cambiantes y el espíritu militar, pero estaba completamente perdida sobre cómo afrontar una oposición tan exigente, con teoría, físicas y caso práctico.

En la academia encontré todas las herramientas para hacerlo posible. El trato fue siempre cercano, individualizado y constante. José y Maite estuvieron ahí para todo lo que necesitase y en cualquier momento, algo que siempre he valorado profundamente.

Mi preparación fue dura. Trabajaba a jornada completa en turno de tardes-noches. El primer año decidí intentarlo compaginando trabajo y estudio. Me levantaba a las seis de la mañana para poder estudiar y entrenar antes de ir al hospital. Los días de noche estudiaba en lugar de descansar y apenas dejaba un día libre a la semana.

Mi vida social prácticamente desapareció. Fueron sacrificios importantes, pero necesarios. Ese primer año aprobé, pero no conseguí plaza. La frustración fue enorme. Aun así, como no me había quedado lejos, decidí volver a intentarlo de la misma forma. Y el segundo año, lo conseguí.

El momento más difícil fue, sin duda, quedarme sin plaza la primera vez. Asimilar que después de tanto esfuerzo no entras es duro, pero merece la pena seguir.

El segundo año viví el examen de otra manera. Estaba nerviosa, pero con nervios buenos. Cuando vi que había cogido plaza fue uno de los días más felices de mi vida. En dos semanas estaba haciendo la maleta para presentarme en la AGM. Nunca había sentido una emoción así.

Actualmente estoy destinada en el Regimiento de Artillería Antiaérea nº 71, en el Ejército de Tierra, en Madrid. Llevo más de dos años en esta unidad y no puedo estar más feliz ni más agradecida.

Mirando atrás, sé que todo mereció la pena: los madrugones, las horas de estudio y los momentos duros. Hoy me siento completamente realizada con mi trabajo.

Si tuviera que decir qué fue clave en todo el proceso, diría que la organización, un plan realista, constancia y saber descansar cuando tocaba.

A quien esté empezando le diría que primero se informe bien sobre lo que hace un enfermero militar. Esto tiene que gustarte de verdad. Habrá días muy duros y muchas renuncias, pero cuando lo consigues, todo cobra sentido y nada de lo que hiciste duele.

Paula Rubiato

Constancia y firmeza incluso cuando el camino exigió más

En Academia Zendal no prometemos resultados rápidos. Acompañamos procesos reales, hasta el que uniforme deja de ser un sueño.

Trayectoria real publicada con su consentimiento