Juan Manuel Martínez Martín

Teniente enfermero. Fragata de la Armada. Promoción XXXII

Antes de empezar la oposición llevaba dos o tres años trabajando en el Hospital de La Princesa, primero en urgencias y después en plantas.

A nivel laboral necesitaba un cambio. Soy una persona a la que no le gusta la rutina y buscaba más adrenalina, más acción, sentirme más realizada profesionalmente. Personalmente estaba bien: tenía 26 años, pareja, familia y amigos.

No sabía mucho sobre Enfermería Militar. Con 18 años me había presentado a oficiales y suboficiales del Ejército de Tierra, pero la enfermería siempre me había gustado. Conocí Academia Zendal gracias a mi madre, que se estuvo informando a través del CODEM. Entré en la academia cuando José y Maite acababan de empezar. Ya los conocía previamente y desde el principio me transmitieron algo diferente.
Antes de empezar la oposición yo no sabía nada de la Enfermería Militar. Desconocía que existía un cuerpo militar dedicado a la sanidad y que se podía opositar para ello.

En mi trabajo conocí a un compañero residente que me comentó que él era médico militar. A partir de ahí me fue introduciendo y me contó todo lo que había, lo que se podía hacer y cómo podía opositar. En ese momento yo llevaba ya tres años trabajando y había pasado por varios servicios: medicina interna, urgencias y UCI. La verdad es que esa experiencia me sirvió mucho para la oposición.

Siempre he querido dedicarme al mundo de la emergencia. Me saqué la titulación para poder trabajar en las UVI móviles de Madrid, pero al ser tan novato, hasta no tener más puntos no iba a poder. Cuando vi esta oportunidad pensé: “¿Por qué no?”. Y ahora escribo esto desde una fragata de la Armada, desde Estados Unidos.

Cuando entré en la academia lo que necesitaba era orientación para conocer de primera mano qué había que hacer, qué estudiar y cómo. Maite y José son como dos padrazos y te ayudan en todo: desde el tema de estudios, lo administrativo, hasta en los momentos de horas bajas, bajonas y depres.

Estudiar una oposición no es fácil, y cada persona es un mundo. A algunos les viene bien darse un atracón de estudio una vez por semana y a otros les viene bien estudiar un poco cada día. No hay una fórmula mágica que haga que te lo sepas todo al dedillo. El proceso debe ser de cada uno, y estudiar de la forma que mejor se le quede a cada estudiante.

En mi caso, yo estudiaba con los apuntes de la academia, los apuntes de la carrera y también tenía apuntes de EIR. Lo que hacía era coger todas las ideas y juntarlas. Estudiaba con tarjetas resumen, también llevaba preguntas tipo flashcards en el móvil para las horas muertas en el trabajo… mil historias. Al final todo se resume en constancia.

Momentos difíciles tuve muchos. Entre ellos, agobios por acúmulo de materia y resúmenes pendientes. Eso se junta con periodos en los que te apetece hacer menos. Al final no es una trayectoria lineal: hay momentos en los que te sientas y estudias y sientes que el tiempo invertido ha valido la pena, y otras veces te sientas y te pones a divagar con el móvil o a distraerte pensando: “Bueno, ya mañana”.

También sacrificas tiempo. Tiempo con los tuyos, con tu pareja o contigo mismo. Tienes que hacer frente. También es duro para ellos y tienes que dedicarles tiempo de calidad si no quieres dejar las cosas de lado. Todo se reduce a una balanza entre lo que quieres y lo que te cuesta.

El momento del examen lo viví tranquilo. Yo iba con la mentalidad de que si no era ese año iba a ser el siguiente, pero que iba a dar lo mejor de mí. De hecho, yo me presenté un año por mi cuenta para verlo, sin prepararme. Me apunté a la academia y en mi primer intento entré.

Tras los resultados de los exámenes me quedé el primero de la lista de espera: estaba fuera. Yo estaba contento; a pesar de no entrar, pensaba que lo había hecho genial y que el año siguiente estaba dentro. Al final tuve suerte y me llamaron para cubrir por una incidencia.

Actualmente estoy destinado en una fragata, de la Armada. Muchas veces salgo a navegar solo. Comisionan a un médico en navegaciones más largas, como las misiones, pero en otras tienes toda la responsabilidad. Tienes apoyo de telemedicina, pero en las situaciones de urgencia vas a estar solo. Y además está la problemática de que no tienes un hospital de referencia tan cerca como si estuvieras en tierra.

También me dedico a la gestión y control de las bajas, y al mantenimiento y pedidos de la enfermería. La verdad es que navegar es una pasada. Es muy sacrificado, son muchos días fuera de casa, pero a cambio ves puertos, ciudades y sitios que poca gente ve.

Mirando todo el recorrido, para mí la clave fue la constancia. Mi mantra durante toda la oposición fue:

Per aspera, ad astra.
Por duro que sea, hasta las estrellas.

Y lo sigue siendo para todo lo que hago. Todo lo que hagas, ponle cuerpo y alma. Y no estar triste si no se consigue: estar contento por casi conseguirlo y pensar que la próxima es la tuya. Hay que levantarse con fuerza para las siguientes veces.

Si hoy alguien está donde yo estaba al empezar, le diría primero: infórmate, pregunta. La enfermería militar es una buena profesión; es una mezcla de la especialidad de Enfermería del Trabajo, con atención primaria y urgencias y emergencias, aunque se centra sobre todo en las dos primeras. Hay gente que luego se defrauda porque no era lo que pensaba.

Si aun así quieres dar un giro a tu vida y experimentar una nueva etapa, este es tu sitio. Desde mi experiencia es una pasada y no cambiaba nada por todo lo que he pasado y lo que me queda. Si te gusta el mundo militar, si te gusta viajar, conocer gente y ser autónomo, te animo encarecidamente a esforzarte y a unirte a ser un compañero de nuestra escala.

Juan Manuel Martínez Martín

Per aspera, ad astra

En Academia Zendal no prometemos resultados rápidos. Acompañamos procesos reales, hasta el que uniforme deja de ser un sueño.

Trayectoria real publicada con su consentimiento